Mr. Pepitos

2009

Posted in Amoríos, Diario, Mr. Pepitos, Nostalgias by mrpepitos on diciembre 31, 2009

Anoche, por chat, finiquité lo último que quedaba encendido de este año que hoy, redundantemente, se apaga. En la literalidad del inicio de una nueva etapa, yo empiezo nuevito, con ganas, con calor y con muchos proyectos.

Sería estúpidamente cursi decir que en este año evité dos convivencias, me despidieron en un aeropuerto, besé con pasión y abracé con ganas. El tiempo, los meses, el año en realidad, se encargó de evaporar cada una de las milésimas de mis historias. Me chupa un huevo. Le puse pilas y color a varias movidas, me dieron letra y contenido para los días en los que estaba aburrido en el laburo o compenetrado en mi pc.

El año que viene me voy a mudar a la inconciencia, voy a recorrer la noche y me van a despertar de siesta. Feria de besos y abrazos con sábanas.

Dialécticas

Posted in Diario, Nostalgias by mrpepitos on diciembre 27, 2009

Estoy en el lugar en donde la noche es cómoda y el ritual me queda a la vuelta de la esquina. En donde mis amigas compran vinos y yo me desespero porque acá está él y la otra historia del otro día. Una amiga me dijo que cambié, pero que estoy igual que siempre, y que me quiere y nos abrazamos después. Al rato yo puse ‘Té para tres’, y entre todo cantamos y tiramos nuestras mejores anécdotas sobre la dialéctica del amor.

Navidades

Posted in Amoríos by mrpepitos on diciembre 23, 2009

Hoy escuché que Calamaro decía ‘feliz navidad sangrienta, te desea mi corazón en venta’. Anoche fumé un porro armado por una chica rubia y tomé cervezas que pedimos a un delivery. Ni sms ni msn ni otras siglas.

Cerezas

Posted in Amoríos, Diario by mrpepitos on diciembre 22, 2009

Me sonrrojo de pensar en la imposibilidad de no extrañarte. Te veo en Marzo; no te afeites, ni te cortes el pelo. Comé comida de casa, cultivá cerezas y escribime siempre después de las once. Reite, reite; siempre reite que te hace más lindo, te redondea la cara, te ilumina los dientes de arriba. Te volvés pequeño y conocido; das ganas cuando te reís. Me sonrrojo de saber que este mail no te lo mando porque no chequeás tu correo con frecuencia y porque también soy un estúpido, un pelotudo y también un hipócrita. Beso. Y todo eso.

Chorizos

Posted in Amoríos, Diario by mrpepitos on diciembre 18, 2009

Tres litros de café negro y guerrita sana. Le quedaba tan bien a mi cama que nos reíamos de la cursileria de esa frase. Le dije que soy yo quien siempre tiene que hablar las rupturas y plantear los temas incómodos justo cuando estamos acostados. Él es hermoso. Tomamos cerveza fria y fresca y después comimos un chorizo cortado en siete partecitas que el mozo nos acercó porque no tenían maní. Y, después, sin querer, aparecimos en mi casa, en mi cama, y con los alfajores de la madrugada. Enero nos vas va a separar por un largo rato.

Cuadros

Posted in Café y corbata by mrpepitos on diciembre 10, 2009

Me dijo que a la calle la está partiendo un sol de puta madre. Firmó asistencia, me preguntó si sabía que Banfield no había salido campeón ayer y se sentó. Tomó agua mineral y volvió a decir algo del calor. Bajó la voz, despacito, y me comentó que estaba sorprendido para bien; me contó que en la puerta de la oficina -en donde el sol rompía el asfalto- una compañera de nosotros -que es hermosamente cristalina- se despedía con un beso largo de su novia. Me dijo que le encantó el cuadro.
Él lee Olé casi todas las tardes mientras labura al lado mío y tiene una novia que canta en la banda que ambos forman cuando yiran los fines de semanas.

Matías

Posted in Amoríos, Diario by mrpepitos on diciembre 3, 2009

Recién colgué con Mati. No lo veo desde enero de este año, cuando nos conocimos inventamos una conexión que después se hizo cierta. Unos ahorros bien empleados lo arrojaron en Córdoba con la idea de vivirla en diez días, quería caminar y fumar en las Sierras. Estuvo ahí (en las sierras) cerca de cinco noches, a las otra las pasó en mi comedor, en mi pieza; después de la primera que nos conocimos en la casualidad de un shopping y en la mentira de una película de ciencia y de ficción. Después se fue a su Boedo de siempre. Se volvió desempleado y con algo de guita y yo me quedé estupidizado con su acento y su perfume. Hablábamos por teléfono todas las tardes y hasta nos decíamos que nos extrañábamos. Yo trabajaba en una oficina en Córdoba a la que empezaba a odiar cada vez que llegaba todas las mañana a las 9:30. Pobre, él me escuchaba el mismo martirio, diario y cotideano, por teléfono o por MSN. Los celos, el necesitarnos, el no coger, el no abrazarnos y el no olernos nos distanció y nos escupió a otras historias, cado uno a las suyas. Nunca más hablamos de amor. Después me tocó vacacionar unos 5 días en Buenos Aires pero no nos pudimos ver. Yo tenía que estar como en cinco lugares a la vez, flasheaba con un grupo de estudiantes brasileros que militaban entre ellos y que me cantaban bossas pegadizas, y también debía cumplir cometidos con personajes que se volvían interesantes después de las 12. Él estaba pero no estaba, tenía problemas de guita, de alquiler. Era enero, verano y yo no lo ví. Eso me dolió bien adentro, y sé que a él también. Los esquivos arden. Una noche, era un miércoles, me llamó desconsolado y con calor; pero ya era Mayo. Me dijo que nos perdonáramos todo, que hiciéramos las cosas bien, que él quería Córdoba. Me acuerdo que le respondí entre labios que yo quería Buenos Aires pero que también lo quería a él. En medio del último invierno, un sábado, volvimos a hablar. Pautamos encontrarnos en Rosario (porque nunca estuvo lejos), empezar a buscar departamentos, comprar un sommier de dos cuerpos y un tele grande. Nos quedamos mudos en la primavera porque siempre nos gana el silencio. Después vino mi cumpleaños y su saludo que me llenó de ganas: a los dos días me mudaba a Capital, a su ciudad y casi a su barrio. Siempre deliramos con él. Nos puede el entusiasmo de abrazarnos a cada rato, la utopía de un país justo, el café con leche de a dos. Ayer le ví una foto en facebook y sentí escalofrío. Él estaba sonrriente, con luz lejana y un buzo atado en la espalda. Abrí grande la foto y quería verlo cada vez más cerca. Hace unos minutos respiré profundo y lo llamé. “¡Leooo! ¡Con código de Capital!”, lo primero que dijo. Le conté algo pero no todo, él igual. Quedamos en esperar que el verano haga su trabajo.

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