Domingo
Hola. Hoy elijo este diario para decir. Es raro, de esta página no tengo la certidumbre cierta de quién la puede ver. Lo único seguro es la constatación de que son pocos. Está bueno eso también. Identifico a la lectura de mi querida amiga Helguis, una mestásfora hermosa de Córdoba, y a la de Facu, un escritor de puta madre que vive en La Plata. Deberían conocerlos.
Estoy fumando y tomando coca cola. La etiqueta está toda aplastada, es la que me quedó del sábado. Qué noche chota. El sábado a la noche me sentí un poco pelotudo, en el boliche. Como casi nunca antes. Lo digo en serio. Hacía mucho que mi organismo no mezclaba tantas boludeces juntas. Me asusté un toque. Al pibe que me gustaba -de esa noche- ya lo había visto antes. Ya lo había besado y hasta me había duchado en su bañera. Ya lo conocía. Llegó como una hora después que yo. Cuando lo ví; desanimé a la casualidad. No quería que fuera él quien me tenía que gustar esa noche pero bueno, qué se yo, me volvió a encantar ni bien desestimé a la casualidad. Ese pibe me gusta desde un domingo a la mañana, cenizas de un sábado, en la vereda de ese boliche al que él acaba de entrar. Reincidir.
Para ese entonces ya había fumado banda y con el pibe de la barra nos habíamos sonreído como unas cuatro veces cuando le decía las barbaridades más sutiles mientras le metía fernet a mi vaso. El de la barra me gusta desde que voy a bailar a ese lugar, ¿eso sería que me gusta desde que lo ví? Hablamos por facebook, es de los que no le da mucha bola. ¿Puedo ser más enamoradizo? ¿Está muy mal?
No puedo creer estar relatando mi sábado. No me cabe. No lo voy a seguir haciendo; no terminé bien esa madrugada. Me volví sólo y en taxi, tarereando puteadas con bostezos. Y el domingo fue copado.
Cuando Car se casó ella me habló mucho de la palabra Gloria. Yo creo que hay palabras que se despojan de su semiología más ortodoxa y se dedican a connotar escenas hermosas de antes o del después. ¿Cuándo una persona siente la sensación de Gloria? Dice Car que es genial. Yo le creo. Con ella hablé el domingo, pero un rato nomás. Después me fui a caminar con la mejor casualidad de ese día; Mati le digo, y ya hablé de él en este diario. Él a mí me dice Leo, sin dudas, pero no lo dice como todos. Me gusta que él me llame por Leo.
Bueno, voy a dejar de escribir por ahora. Espero que lean eso que dije de Mati aquella vez. Lo pueden hacer desde acá. Si lo hicieron antes, o aún no; vuelvan a leerlo para que se entienda por qué es que mi domingo fue genial. El domingo fueron la tarde más hermosa de lo que va de esta primavera, y la noche más celeste de lo que está siendo este septiembre. Si hoy me hubiesen regalado un perro se hubiera llamado Domingo.
Imposibles
Me preocupa demasiado que me llamen tanto la atención dos pibes heterosexuales. En eso pienso en los viajes de ida al laburo. A la noche, cuando fumo, también. Cuando me manda un mail, cuando espero su aporte a la intransigencia de mi idea que fue en la respuesta. Cuando le replico con acentos en la charla de las 11, la de su café oscuro y con edulcorante.
Es cobardemente cierto, por eso no lo digo, lo escribo en negro nomás. Me desconozco cuando miro de cerca las imposibilidades, me confunden los finales truncos.
deja un comentario